
Soy Kiko Calvo, la mano de Bigardo.
Te adelanto que esto no es una bodega más, esto va de cumplir sueños. Aquí no hay nada de «bodega familiar que aúna tradición e innovación», eso es demasiado aburrido y posiblemente mentira. Bodegas Bigardo se basa en conocimiento, experiencia, trabajo, esfuerzo, pasión… y mucha gente ayudando.
Esto es una historia de verdad. Una historia de amor por nuestra tierra, Toro, que nos aleja de los estereotipos del dios mercado.
¿El objetivo principal?: Hacerte disfrutar con grandes vinos… Y que usted, sabio bebedor, lo valore como tal.
Ponte cómodo, estás en tu casa.
Te escuchamos.
«El David siempre estuvo allí escondido en ese gran bloque de mármol, lo único que yo hice fue quitar las partes que sobraban.» – Miguel Ángel Buonarroti.
En una ciencia tan experimental como la Enología, llega un momento en que no vale con escuchar a los grandes maestros ni buscar apoyo en los grandes libros, debes hacerlo tú mismo.
Eso es Bigardo.
El desenlace de una intensa aventura en diferentes lugares del mundo que siempre tuvo el propósito de ser una botella de vino, de Toro, siempre de Toro.
Todo el mundo sabe que el vino se hace de uva, perogrullo, o no tanto. A día de hoy hay una cierta tendencia a darle a la viña el valor que merece. “Sólo hay que leer la uva” escuché decir en algún momento. Si fuera fácil todos lo harían. Esa es nuestra filosofía.
El proceso de elaboración es simple. Conseguir la mejor calidad desde el viñedo para que el intervencionismo sea mínimo: Control exhaustivo de la temperatura de vinificación. Vinificación basada en cómo, cuándo y porqué extraer y macerar, dando cariño a cada uno de nuestros muchos depósitos.
«Con vino de Toro, más que comer, devoro.» – Garcilaso de la Vega.
«Con vino de Toro, más que comer, devoro.» – Garcilaso de la Vega.